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miércoles, 8 de abril de 2020
¿SER O NO SER HÉROE O IMBÉCIL?; ¡EH AHÍ LA PREGUNTA!
La pandemia del 2020 ha sacado a
flote la estupidez humana en toda la expresión de la palabra, siempre me ha
desagradado la insuficiencia y la ineficacia de las personas. Estamos todos,
inmersos hasta el cuello en esta situación, no seamos egoístas. El nuevo
coronavirus se llama SARS-CoV2, la enfermedad se llama Corona Virus Dícese
2019=COVID-19; sin embargo, muchas entidades confunden la neumonía atípica con
el COVID-19. El COVID-19 es el preámbulo de la neumonía atípica, complicación
que se da en 1 de cada 6 infectados por el virus, llegando a ser letal.
La
precariedad ante el SARS-CoV2 ha provocado el caos a nivel mundial por la
incapacidad física de las unidades e incapacidad de manejo hospitalario.
Antes que nada, déjenme poner en
claro que no soy partidario de la política ni de ningún partido corrupto. A
pesar de las medidas que tomó el gobierno ecuatoriano bajo la tutela del primer
mandatario Moreno, el sistema de salud del país muestra su verdadera cara; tan
deficiente, tan finito, tan cuestionable y debatible.
La OMS ubico al CORONAVIRUS en
nivel muy elevado de amenaza el 28 de febrero del presente año, para el 29 del
mismo mes se registró el primer caso en la republica ecuatoriana, razón por la
cual se tomaron medidas inmediatas de suspensión de eventos masivos, suspensión
de clases, entre otras medidas. Para el 5 de marzo del 2020, Ecuador ya
presentaba 13 casos a nivel nacional y en aumento, mientras las medidas
gubernamentales también iban reforzándose de una u otra manera.
Para el 9 de marzo del presente,
Italia ingresa en cuarentena total, medida que se tomó demasiado tarde, ya que
unos días después, Italia admite perder el control sobre el COVID-19
lamentablemente; las palabras del mandatario fueron: “Solo dios nos puede
salvar”
En medio de una creciente cifra
de infectados en el país, figuras políticas como Correa, exmandatario, intentan
sacar provecho político, echando la culpa el uno al otro, lanzándose el balón
de manera estúpida, criticando medidas tomadas por la república. Ese ladrón y
corrupto no tiene sangre en la cara, niega sus actos de corrupción, mira hacia
otro lado y se hace el de oídos sordos; y aun así quiere ser presidente de
nuevo, que descarado, que desfachatez. Pero vamos, no solo él es un imbécil,
sus partidarios también lo son: “Que se robe todo menos la esperanza” frase que
llenaba sus “hocicos” mientras se empobrecía su pensamiento.
Todos somos estúpidos, todos
tenemos algo de imbécil en el cuerpo y la mente; sin embargo en esta pandemia,
en esta crisis, hay quienes piensan que es competencia y dan a relucir su
estupidez con gallardía y orgullo. Muchas personas preparadas, profesionales de
la salud, han quedado en papel de inconscientes e imbéciles beligerantes al
decir: “Los médicos quieren vestirse de astronautas” cita textual de un
profesional de la salud en guayaquil. Por favor, hasta el estudiante de
medicina más dormido e inexperto conoce la importancia de las medidas de
bioseguridad, pero al parecer para a este individuo, rey de los idiotas, solo
es un traje de astronauta, la nueva moda me imagino, la última tendencia, ja!
El 11 de marzo la OMS declara
pandemia al SARS-CoV2, y por si la noticia no fuera lo suficientemente
alarmante, fueron asesinadas las ultimas jirafas BLANCAS en Kenia. ¿Enserio? En
medio de la emergencia sanitaria, existen imbéciles que no pueden dejar la vida
furtiva en paz, le importó un carajo, y ahora el mundo tiene una característica
menos porque brillar. El segundo paciente que se curó del VIH, quedo opacado
por la pandemia, toda una vida se esperaba esta noticia, pero quedo aislada,
porque, que importa si uno se salvó de las garras de un virus mortal, si miles
están muriendo en garras de otro virus.
El 13 se registra la primera
muerte por COVID-19 en el Ecuador, y aquí empieza lo divertido, empieza el caos
político, social y gubernamental. Se suspende transporte público, se cierran
fronteras, se prohíbe la circulación vehicular, se suspenden clases, se cierran
gimnasios, cines, bares, clubes nocturnos, etcétera, y para el 16 de marzo se
declara estado de excepción y se rige al toque de queda. Pero que toque de
queda más ridículo, la gente salía a las calles como si nada, espacialmente en
Guayaquil, epicentro con un número de casos que duplica al total de dos países
vecinos juntos, retando a la autoridad, rompiendo el toque de queda, la
estupidez no queda solo ahí, los transeúntes resabiados, más bravos,
prepotentes, mientras la autoridad tiene sus armas y arsenal de adorno. En
Ecuador la gente no respeta a los policías y militares, tienen el obtuso
pensamiento de que si un agente les toca, les grita o le ve mal, ya es abuso de
autoridad. Dejemos de ser estúpidos, el número de muertos refleja el grado de
estupidez e inconciencia del pueblo; parte de culpa cae sobre del gobierno, no
es culpa de las autoridades, no es culpa de la ministra de salud.
Si!, el
Ecuador desde siempre ha tenido un deficiente y precario sistema de salud, pero
ese no es el problema, países como Italia, China, Estados Unidos, teniendo
sistemas de salud solventes y eficaces, están desbordados. Cuando la alcaldesa
de Guayaquil manifestó que Guayaquil queda aislada del resto de provincias,
todo el mundo perdió la cabeza, que no es justo, que pobrecito guayaquil, que
los políticos no hacen lo que deben, las autoridades no hacen nada, etc.
Es culpa de los ciudadanos por no
cumplir el toque de queda, y es culpa del gobierno por no hacer cumplir el
toque de queda. El primer mandatario de Filipinas Rodrigo Duterte, ordenó a la
fuerza de la ley disparar a matar a quienes incumplan y violen los parámetros
de la cuarentena, magnifico, que excelente representante gubernamental... Si
Ecuador hubiera tirado a matar desde el inicio del toque de queda, posiblemente
existirían menos contagios, y posiblemente más muertes; pero analicemos,
¿enserio valió la pena no matar a todos esos inconscientes que jugaban al gato
y al ratón con las fuerzas policiales y militares durante el toque de queda?
Si, hubiera más muertos, pero la propagación del virus hubiera sido más
controlable, el número de contagios y de muertos por COVID-19 tendría cifras
mucho menores; y, a pesar de que los muertos por disparos representarían un
número mayor, estos cadáveres no representarían riesgo biológico para las
personas.
A medida que la cuarentena
mundial se acorta, la calidad de aire en el mundo ha mejorado notablemente,
especialmente en potencias como China, EE. UU., países europeos, entre otros.
En medio del caos actual, no todo son malas noticias, se descubren nuevas especies
de ranas en el ecuador, me parece algo maravilloso, el espectáculo por la
visualización de venus durante este mes también fue magnífico.
El segundo mandatario del
Ecuador, el 22 de marzo dijo: “No puede ser que tengamos más detenidos por
incumplir el aislamiento, que personas contagiadas por SARS-CoV2”; ese mismo
día Guayaquil se militariza por la emergencia sanitaria, pero no
específicamente por los convalecientes del hospital, sino por los
inconscientes, ignorantes, imbéciles, tontos y egoístas Guayaquileños, perdón,
pero así es. Toca generalizar, sabemos que no son todos, muchos cumplen las
normas, pero si nos damos cuenta, las personas que están muriendo y lo que no
acatan las medidas gubernamentales son los marginados, los rebeldes, los ignorantes,
los incultos de la ciudad, son ellos los que no entienden; pocos son los
ingenieros, docentes, doctores, arquitectos, ministros, analistas,
biotecnólogos, enfermeros, abogados y otros profesionales preparados que han
contraído el virus, y aquí nace la relación Culto-Inculto.
Ya lo dijo Ave Jaramillo,
comediante ecuatoriano, no seamos giles. El Ecuador es renombrado en el mundo
por cuatro aspectos: nos atraviesa la línea ecuatorial, cuatro regiones todas
turísticas, corrupción y el oro en olimpiadas especiales. Si se dan cuenta,
toca generalizar, somos tontos, unos más que otros, pero lo somos. Somos
personas especiales, no sé si estén orgullosos o no de eso, a mí me vale %$/=)%”·$,
lo que importa aquí es el número de muertos, de muertos “especiales”, muertos
insensatos que va a dejar como consecuencia esta pandemia. Ojo, no todas las
muertes son por COVID-19, y no todos los muertos fueron insensatos, a lo mejor
solo fue mala suerte por culpa de alguien más, qué más da, todos vamos a morir.
Otto (el vicepresidente), también
manifestó que si no ayudamos, llegará el momento en que tendrán que escoger a
quien salvar y a quien no, y estamos bastante cerca, si es que no estamos en
esa situación ya, me parece raro que los medios de comunicación dejaron de publicar
las cifras de contagiados y muertos desde la mañana del 6 de abril del presente
año. ¿Acaso perdimos el control? Si es así, autoridades, informen... si todos
vamos a morir, muchos querrán morir alcoholizados, drogados o indigestados, me
incluyo.
Durante la cuarentena, como si no
fuera suficiente, el Ecuador experimento dos movimientos telúricos uno en Quito
de 2.9 en la escala de Richter el 25; y uno de 5.13 al norte cerca de la
frontera el 15 de marzo. Algo que está llamando la atención de las autoridades
es el contagio entre especies. Se especuló contagio de perros por SARS-CoV2 en
el continente asiático, datos que nunca se confirmaron oficialmente, y el
contagio de tigres y leones en América de Norte, en el zoológico de Nueva York,
dato revisado luego de realizar las respectivas pruebas a los felinos, todo
esto como resultado de la convivencia y/o relación entre animales y el hombre.
Para las once de la mañana del 6
de abril del 2020 el Ecuador registró 3747 casos por COVID-19, y alrededor de
191 muertos por la misma causa. El Ecuador ha sufrido un deterioro en su imagen
a nivel internacional gracias a videos, verídicos por cierto, de decenas de
cadáveres en las calles, envueltos en fundas, en féretros o simplemente
desechados en las esquinas como fundas de basura; se ha visto también como
incineran cuerpos en las calles, ya que el protocolo frente a esta pandemia es
cremar los cadáveres. El Ecuador no cuenta con crematorios en abundancia, los
pocos que existen están copados y desbordados.
Hoy la ciudad de Guayaquil es un
caos, las autoridades no se abastecen para el levantamiento de tantos
cadáveres, y la gente insensata se sigue quejando, sigue saliendo a las calles.
Los ciudadanos están en un plan
terco, necio, quieren enterrar a su ser querido, no quieren que los cremen. En
primera instancia crear una fosa común no sonaba tan descabellado, pero el
pueblo se quejó, el pueblo se levantó, pobrecito mi ser querido, pobrecita mi
mama, pobrecito mi hermano, no son basura, como van a hacer eso.
Déjenme darles la buena o mala
noticia, no sé cómo lo tomen, los cadáveres son basura, y si es un cadáver cuya
causa de muerte fue el COVID-19, no solo es basura, es basura tóxica y
representa un riesgo biológico. Este no es momento de velar por la dignidad de
un cadáver, estamos en medio de una emergencia sanitaria, todos vamos a morir,
no lo entiendes, no puedes ponerte rudo y exigir a las autoridades ataúdes, que
por cierto están en escasez. No es momento para ponerse imbécil y decir:
“Quiero ataúd de madera, quiero ataúd enchapado, quiero ataúd con espejos” Las
autoridades están otorgando ataúdes de cartón para aliviar la pena e ignorancia
de los deudos, ignorando estudios de la “New England Journal of Medicine, La
Universidad de Princeton y California” que establecieron la longevidad del
virus. En el aire el virus sobrevive tres horas, sobre cobre 4 horas, sobre
plástico y acero inoxidable 2 a 3 días y sobre CARTÓN el virus vive 24 horas;
es decir que el cadáver en las calles de por sí ya representa un riesgo
biológico de contagio latente, y al otorgar ataúdes de cartón solo estamos
alargando el tiempo de propagación. Ya lo dijo Sigmund Freud, “Los hombres son
más morales de lo que piensan y mucho más inmorales de lo que pueden imaginar”
Desde el punto de vista
psicológico, se entiende el dolor por la pérdida de un familiar, comprendo que
las personas deben atravesar las cinco etapas del duelo; todos comprendemos el
hecho de querer despedir su cadáver con dignidad y moral. Por favor entendamos,
no es momento de pantomimas, no es momento de hacernos los dignos, cuando día a
día cometemos inmoralidades.
Un asesino mata y luego se esfuma
como si nada. No tiene ética, no tiene moral, no tiene principios. Hoy todos
somos como un asesino, todos podemos ser portadores del virus y contagiar a
otro provocando su muerte, y al igual que el asesino antisocial, no nos
importa. Si notan la ambivalencia de esta analogía, por un lado salimos
insensatos a las calles en papel de asesinos, a matar (contagiar) indistintamente
a cualquier victima que sin saberlo se nos acerca de manera inexorable; por
otro lado queremos ataúdes para los cadáveres tóxicos, queremos satisfacer
nuestra insuficiencia y dependencia emocional. No se evidencia la moral y la
dignidad al contagiar a otro, pero queremos dignidad para el cadáver. Se dan
cuenta de nuestra insensatez, nuestra estupidez; tal vez suene tosco y abrupto
pero dejen la moral, la dignidad y la ética a un lado para poder sobrellevar la
pandemia.
La noticia que enterneció al
mundo, mujer italiana de 104 años, mujer anciana que vive abandonada en un
asilo, sobrevivió al COVID-19. ¿Enserio? ¿Les alegra saber que una decadente
mujer, anciana que puede morir en cualquier momento por senectud, se ha salvado
de las garras de la muerte? Que estupidez, esa anciana le robo la oportunidad
de vivir a un joven emprendedor, a un joven médico, a un joven padre que dejo a
sus hijos solos. No es momento de sentimentalismos, si yo tengo que morir,
moriré, si mis familiares tienen que morir, pues morirán. Si eres anciano,
déjate morir, dale la oportunidad de vivir a alguien que tiene toda la vida por
delante y si tu familiar es el que va a morir, déjalo morir, déjalo ser.
Muchos pensaran que no tengo el
derecho infame de definir qué tan sensible debe ser alguien y como deben o no
afectarle las cosas, y si, estarían en lo cierto; tampoco tengo la potestad de
opinar quien debe vivir y quien no; este es un ensayo coherente, basado en las
evidencias, que refleja la situación actual del país en el que habitamos y
claro, por qué no, un llamado de atención a todos.
El número de infectados y muertos
crece a un nivel alarmante, especialmente en la ciudad de Guayaquil. El
gobierno decretó la movilización de 250 médicos rurales a la ciudad de
Guayaquil. Los médicos, al igual que policías y militares, tienen un compromiso
con la vida y con la patria, deben dar su vida por su país si es necesario;
pero que insensatez, movilizar médicos sin medidas de protección, usar el
compromiso gubernamental al que están sometidos legalmente, para aprovecharse
de manera criminal de los profesionales de la salud, como lo son los Médicos
rurales.
Hace algún tiempo, el gobierno
despidió de las unidades hospitalarias de todo el país decenas, cientos de
médicos, mismos que hacen falta en estos momentos. A pesar de las convocatorias
para emplear médicos en las distintas unidades hospitalarias, los médicos
tienen miedo y no acuden, canallas, manchan el nombre la profesión, es por eso
que como medida precautelar el gobierno moviliza médicos rurales, su sueldo es
mucho menor que el de un especialista o un médico de planta; entonces, los
médicos que no tienen las agallas para dar su vida por su patria, no son más
que un asesino más en esta pandemia, ya que pudiendo ayudar se hacen los de la
vista gorda. Hace algunos meses muchos médicos buscaban con desesperación
empleo, y hoy que tiene la oportunidad, no solo de trabajar sino de ser héroes
en la historia, se hacen los desentendidos. Los rurales darán la cara, a pesar
de su explotación y su insuficiente remuneración. Muchos colegas médicos
rurales han sido convocados, y todo mi apoyo está con ellos; y si me convocan a
mí, con gusto iré, a ayudar a salvar vidas y morir en el intento si es
necesario, eso es ser médico, eso es ser humanista. Las autoridades, para poder
realizar la respectiva publicidad y propaganda, han obligado a los médicos
rurales a enviar videos sonriendo, levantando el pulgar, usando trajes de
bioseguridad... no nos interesa una propaganda manipulada para aliviar el
pánico, el miedo y la ignorancia colectiva, lo que necesitamos es la verdad,
cruda e insensata.
El hombre no pide nacer, pero
tampoco quiere morir. Un viejo colega médico, me dijo una vez: “Qué sentido
tiene la existencia si somos seres infinitos”, suena poético, enternece el
alma, alivia el espíritu... pero hoy me doy cuenta de que esa frase puede ser
tergiversada poéticamente para lucir más coherente y afín a nuestra situación:
“qué sentido tiene la vida si somos seres finitos, qué sentido tiene la muerte
si somos seres infinitos”
Carlos Andrés Estrella Barrera.
Egresado de la Carrera de Medicina
Latacunga – Ecuador Martes 07 de abril 2020
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